13 de octubre de 2014

A que pase otra vez.



      Tengo miedo a tropezar y caer.
      Miedo a enamorarme, a que me rompan el corazón, a que pase otra vez. A que me engañen. 
      Tengo miedo a equivocarme, a confundir.
      Me da miedo la soledad y el bloqueo.
      Temo quedarme sin fuerza y no poder luchar. Ni gritar.
      Me da pánico la nostalgia, el no saber.
      Tengo miedo al fuego, a las arañas y al fracaso.
      Siento pánico cuando no hablan, ni sienten, ni padecen.
      Temo ir sin saber si voy a volver.
      Me da miedo la impertinencia, la soberbia, la mentira.
      Me temo a mí misma y me da miedo el miedo.


Pero es que la valentía te la quedaste tú toda, cobarde.





Lugar: Alicante.
Cámara: Yashica MG-1. 
Ojo: Juan Membrillo.
Texto: Irene Alduán.

10 de octubre de 2014

Culpables.





               Allí podíamos disfrazarnos de personas. Tú te sentabas en algún sitio cerca de la puerta, yo me quedaba de pie agarrando con fuerza la barra de metal, dejando mis nudillos en blanco. Ni siquiera nos mirábamos ni nos hacíamos gestos cómplices, solamente jugábamos a ser desconocidos. En mi oído la canción de Gnossienne y en tus ojos las letras de amor ácido de Nothomb. En mi cuello un mordisco con carmín y en tus labios, fresas.

               Mis párpados caían como síntoma de lunes, tú resoplabas y abrías mucho los ojos por un enfermo domingo. Ese silencio acompañado del traqueteo que habitaba en el vagón nos hacía a todos los presentes culpables. Cómplices en servir como vértices y aristas; como lienzo y aguarrás; como orgasmo y dientes apretados… éramos verticales en una esfera. Seríamos ahorcados por vivir, apaleados por negarnos, lapidados por ser y no ser, emparedados por querer ser y no ser, quemados por amar poco, mal y rápido. Éramos culpables del crimen de vivir sin vivir.

               Ahora nadie miraba a nadie, solamente tú mirabas tu reflejo en el cristal de enfrente, y te aguantabas la mirada esperando que tu reflejo la apartara antes. Ahora tú te bajas en esta parada mientras tu reflejo baja la mirada, cierras el libro sin poner una marca porque siempre recuerdas la página. Ahora tú escapas y me dejas a mí y al resto, porque nunca nos hemos conocido y nunca lo haremos. Tus fresas morderán otros campos, las letras en tus ojos serán leídas a plena oscuridad en otro sitio y tus domingos serán siempre menos enfermos que mis síntomas de lunes.



Cámara: Nikon D5100.
Ojo: Rosa Vercher.
Texto: Adrían Benatar.


5 de octubre de 2014

Cartografía del sueño.



Siento el vacío en mi plano horizontal, cada vez que me meto en él y él se adapta a mí. Él es el único que se adapta a mí. Tú no lo haces, aquel tampoco, de esos ninguno. Mi plano sigue vacío.

A pesar de ser perfectamente horizontal todos los días se repite la misma sensación: se inclina por su cabecera y yo me voy haciendo pequeño, al final, inclinación y tamaño llegan al punto en el que desaparezco en ese hueco minúsculo entre mi plano y la pared.

Y cuando la luz empieza a cegarme abro los ojos, y veo que todo está en orden, yo no he menguado ni he caído por hueco alguno, e inevitablemente, mi plano sigue vacío.
 
 
 
 
Lugar: ...
Cámara: Yashica MG-1. 
Ojo: Irene Alduán.
Texto: Migue Consuegra.
 

25 de septiembre de 2014

Saudade.



Lo confieso: soy un punto cardinal
Y no, no soy un punto cardinal cualquiera: soy el Norte.
Y sí, soy el Norte para perderlo, para perderme y para perderte.

Allí me levanto melancólica y me consuelo escuchando el rugido de los bufones secos cuando el temporal se esconde tras estratos curvos que dibujan playas imposibles, tan imposibles que nacen en praderas y dan la espalda a mi mar, ese mar frío que cambia de color como yo de viento.

A medio consolar y vestida de eucalipto, verde sol y verde lluvia, me alimento de nubes blancas y grises que invaden puertos de montaña.

[Nubes para desayunar, nubes para comer y nubes para cenar.]

Tras el empacho de nimbos, merodeo por senderos a la sombra de gigantes hambrientos que me quieren para merendar… y yo, muy lolita y vestida de eucalipto, me dejo devorar.

Después, bien entrada la noche, sueño con millones de estalactitas excéntricas y anárquicas que se me clavan dulcemente y me recuerdan que huelo a tierra húmeda y a manzanas. 

Y al alba respiro tranquila porque, aunque consolada, empachada y devorada, sigo siendo mi Norte.





Lugar: riscos llaniscos.
Cámara: Panasonic.
Ojo: Eduardo Alduán.
Texto: Irene Alduán.

8 de septiembre de 2014





El 24 de junio de 2014, por ejemplo, hice un foto de un 1 de enero que estaba por llegar y quedaba muy lejos. Allí, de espaldas y sentada en un banco, estaba yo protegiéndome de la lluvia, junto a un él que todavía no conozco. Resignada a los saltos del tiempo, resignada a un cuerpo que nunca me había pertenecido, resignada a una lluvia insospechada, miraba que el horizonte no se acababa, como una línea de tiempo de un manual de historia. No sabía si podía volver a junio del catorce. Sospechaba que sólo tenía que levantarme, mirar hacia atrás y volver a observar por el objetivo de la cámara, pero renuncié a hacerlo. Preferí quedarme allí, tranquila, en la resignación, en la renuncia y en una línea del tiempo que se parece mucho al horizonte.




Lugar: Muchavista.
Cámara: iPhone 5.
Ojo: Olivia Martínez Giménez de León.
Texto: 
Olivia Martínez Giménez de León.

26 de agosto de 2014

Emptiness ◊ Depth ◊ Hunger pangs ◊ Raging hunger



                                Allí quise retratar la piel evitando el uso de posesivos.
                                LA piel.   
                                Ni tu piel ni mi piel.
                                Sólo la piel.

Esa que cubre huesos prominentes, la que rodea músculos profundos, la que se pone de gallina. 
Esa piel que se amorata, que se hiere, que se quema. 
Esa piel que se intuye empezar pero no acabar. 
La que nos protege y, sin embargo, nos convierte en seres vulnerables. 
Ese tegumento que se extiende sobre todo el cuerpo animal, que sabe a sal después de un baño en el mar y huele bien después de estremecerse.


[Me gusta la piel tanto como las cerezas.
Ni mis cerezas ni tus cerezas.
Sólo las cerezas.

Y también me gusta comer con las manos.
Pero eso sí que con las mías.]




Lugar: Kérkyra, Grecia.
Cámara: Yashica MG-1. 
Ojo: Sergio Altuna.
Texto: Irene Alduán.

18 de agosto de 2014

Verano MMXIV



La mayoría de la gente piensa que las cámaras de fotos sirven para captar momentos, pero ¿y si no disponemos de carrete donde queden capturados? Pues bien, yo creo que es la propia cámara quien se encarga de retenerlos, es por eso que mirar mi colección de cámaras me lleva de paseo por la historia, por mi historia. 

Esta en concreto llegó a mis manos hace unos días, un regalo que ha llegado para recordarme un verano, este verano. 

Empiezo a despedirme de mi espacio, me quedan muchas vivencias y "convivencias"en la retentiva y parte de estas almacenadas en Zenit "el tanque" que se viene conmigo, y que me recordará que hubo un verano cargado de sensaciones y de números romanos. 

Un verano que a pesar de no haberse acabado ya colea.



Lugar: hogar.
Cámara: iPhone. 
Ojo y texto: Migue Consuegra.

1 de agosto de 2014

Verticalidad.



Antes de escabullirme del principio de aquel pronosticado final resolví tu valor absoluto, hallando el argumento y el conjugado de mi número complejo genérico.
Lamí mis heridas y las que no eran mías. Incluso lamí lo que no eran heridas, clavándome puñales e hincando rodillas.
Lustré mi mejor par de zapatos y me ceñí aquel vestido que solías arrancarme de a poquito.
Irradié la más azul de mis luces mientras barajaba posibles argumentos para no herir tu único eje cartesiano.

Y entonces, en aquel bosque y contigo caminando muy cerquita, 
comprendí que la verticalidad es, tan sólo, un estado más. 

Tú estado más natural. 
 Mi estado más pasajero.


Lugar: nacimiento del Vinalopó.
Cámara: Yashica MG-1. 
Ojo: Miguel López Jordán.
Texto: Irene Alduán.

18 de julio de 2014

7



Allí tú.
Y allí yo.
Sin poder ni querer remediarlo.
Sin reparación de daños.

Porque el mar es tu yo más salvaje,
el viento mi yo más fugaz
y el azul mi yo más yo.

Y maldigo mis caderas porque son las que se contonean hacia ti, hacia tus restos y mis sobras.

Pero nada de esto importa.
Son las 21:22 y, en realidad, no ha pasado nada.

  

Lugar: La Vila. 
Cámara: Yashica MG-1.  
Ojo: Irene Alduán. 
Texto: Irene Alduán.




2 de julio de 2014

Sosiego.



Hoy no voy a empezar por allí. Hoy empiezo aquí, desde el estado de tristeza que me habita. 
Desde la melancolía que caracteriza mi silencio oscuro y mi verborrea azul.
Desde mi yo más metálico, ese que nadie cree intuir pero algunos conocen a la perfección.

No soy tan transparente como parece. Ni fuerte. Ni valiente.
Soy un simple cuerpo que vivencia. Soy sonidos, soy olores, soy colores y soy tristeza.

Hoy echo de menos mi casa, mi gente, mi cama.
Ansío recuperar algo que ni siquiera sé lo que es. Ni siquiera sé si quiero recuperarlo porque ni siquiera sé si alguna vez lo he tenido.

Hoy escribo desde la placidez del llanto, desde la calma de mi lamento sordo, desde lo sereno... y estas insulsas palabras brotan tras un día de mar y piedras que ha conseguido allanarme.

Y es que no siempre la tristeza es triste. A veces, la tristeza, es bella.



Lugar: Soria.
Cámara: Yashica MG-1. 
Ojo: Irene Alduán.
Texto: Irene Alduán.


10 de junio de 2014

Animales.



Allí le escribió lo que sigue:

Llueve, ¿te has dado cuenta? 
Yo no.
[Suena "Como un animal".]
La lluvia empeñada en mojarme.
Y Najwa empeñada en estremecerme.
Y yo empeñada en estar triste.
Y tú empeñado en alejarte.

Me pregunto si es amor, si estoy enamorada, pero soy incapaz de responderme.
Tengo miedo y me duele el pecho.
Río, lloro, me lamento. Me debato entre el amor y el desamor.

Y aún te busco con la mirada por si apareces por algún rincón con dos rosas en la mano. 
El nudo en la garganta crece porque no estás.
Ni vas a estar. Y duele.

Ojalá fuera valiente y te dijera que te quiero y que quiero que vengas a esta casa en julio para dedicarnos a cuidarnos y a vivirnos.
Pero el no duele. 
Más que cualquier otra cosa.



Pobre ingenua enamorada.

3 de junio de 2014



      Allí entendí el porqué de la piel de gallina. 
 
      Ese momento de erizar, de ser todo tripas y nada corazón.
      Un quiero y no puedo, una milésima de doloroso placer.
      Un suspiro anhelante.
   
Debéis saber que una se estremece cuando le tocan sin tocar, cuando sopla el viento, cuando le acarician la nuca, cuando se come un buen plato de pulpo a feira y cuando le hacen el amor muy bien hecho. Cuando le abrazan fuerte, cuando escucha Esa canción, cuando bailan con ella en la cocina de su casa y cuando le miran de reojo mordiéndose el labio. Cuando le observan bailar con los ojos cerrados y cuando come cerezas. 

      Una se estremece sin querer.
      Y ese es el porqué de la piel de gallina.



Lugar: Liencres.
Cámara: Yashica MG-1. 
Ojo: Irene Alduán.
Texto: Irene Alduán.

27 de mayo de 2014

Lo amarillo del cielo es eterno.



          Allí te pregunté cómo de amarillo tenía que ser el amarillo para convertirse en amarillo eterno. Callaste durante unos segundos y, de repente, me miraste a los ojos mientras jugueteabas nervioso con algo que tenías entre las manos. Te tumbaste en el suelo cruzando los brazos por detrás de la cabeza y me dijiste que observara el cielo, que cuando no hay mar lo que se observa es el cielo.

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- ¿Cómo de amarillo tiene que ser el amarillo para convertirse en amarillo eterno?
- Observa el cielo. Cuando no hay mar lo que se observa es el cielo.



Lugar: chimenea de la fábrica la Borrera, ruta del nacimiento del Vinalopó.
Cámara: Yashica MG-1. 
Ojo: Irene Alduán.
Texto: Irene Alduán.

18 de mayo de 2014

Avaricioso.


Allí me quité la cazadora vaquera, las zapatillas negras, la camiseta de lunares, los pantalones negros, los calcetines negros, las bragas de flores y el sujetador negro. Me recogí el pelo y me lavé la cara. Me quité los ojos, la boca, la nariz, las orejas, la cabeza, los brazos, las manos, el tronco, las piernas y los pies. Me quité los pulmones, el bazo, el hígado, el páncreas, la vesícula biliar, los riñones y las tripas. Me quité músculos y huesos. Me quité las dudas, los miedos, la mala leche, el egoísmo, la vergüenza, las frustraciones y los “y si”s.


Y tú en frente, poniéndotelo todo.


Lugar: nuestra casa de Soria - luces de navidad.
Cámara: Yashica MG-1. 
Ojo: Irene Alduán.
Texto: Irene Alduán.

12 de mayo de 2014




   Allí la salina ha amanecido rojiza, como cuando llegaste a nuestra vida y me uní a David esperándote, alejándome de él.

   David está enterrado en la playa donde murió, junto al mar donde nació, donde sus manos te dieron forma y se las robamos.

   Pero ni siquiera había muerto al sol.

   Vi que sus ojos corrían como luces subiéndose a todo lo que encontraban. Y yo estaba allí para recoger sus manos.

   He vuelto a la arena para llorar por ti. He vuelto para recordar que todo no fue una gran mentira, que algunas cosas siguen en su sitio y yo no quiero olvidar cuál es.

   He vuelto al lugar donde el argentino me habló de la memoria y caminé junto al insomne descubriendo la fortaleza de Brest sin que tú hubieras llegado aún, porque yo entonces me preparaba para la mañana en que te conocí, tan inconscientemente, tan por inventarte, tan acompañada por todos los demás, tan empezado, pero ya con vosotros, que al fin llegasteis.

   Y sí, esta vez sí oigo ladrar los perros. Aúllan sobre mí y se van como han llegado. Quizá con más hambre por haber bajado y volver sin más que ladridos en la boca, mientras camino muy lento y casi no avanzo. Oigo mi nombre a cada paso.

   Me ha bastado un sueño enorme para acostumbrarme a la noche. Y al poco de irse el sol comienza a salir la luna, escupida por el mar, rosada, roja, blanca. Y sube lentamente. Yo toco el mar con mis manos y busco las tuyas. Pero sólo siento las de David. Es entonces cuando lloro por ti.

   Hasta mí ha llegado un fanal desde las olas llenas de medusas, hasta mí has llegado tú, Sacha, sin llamarte, sin que David te pusiera nombre.



Lugar: Playa Conil de la Frontera, Cádiz, 2009 / Cementerio español, Larache, Marruecos, 2009 - Cuatricomías en blanco y negro.
Cámara: Nikon D3S.
Ojo y texto: David Sardaña.